
Hace tiempo leí un artículo en el que comparaba la marca con la tecnología. La pregunta se refería a la importancia de tener una buena marca o una buena tecnología. La conclusión apuntaba al dominio de la marca. Parece que era más importante tener una buena marca, una marca consolidada en los mercados, que una tecnología. La marca genera clientes, estos beneficios y con ellos se puede comprar tecnología.
El Jueves pasado, asistí a un “we update you” de Alfons Cornella y Antonella Broglia, infonomía , y en él se comparó la tecnología con el “emprendimiento” (según la RAE). Es decir, se preguntaban qué era más importante, en un territorio o país, si la tecnología o tener emprendedores. Bueno, pues, aunque parezca mentira, vinieron a decir que lo importante no es la tecnología sino la actitud emprendedora de las gentes, el emprendimiento, las personas emprendedoras.
Parece claro, el conocimiento y la tecnología se han convertido en lo que los economistas llaman commodities y, en consecuencia, se sale a los mercados y se compra. Esto coincide con el debate sobre el contenido de la educación. La educación debe cambiar para reducir los contenidos y aumentar otros aspectos que caen dentro de lo que se conviene en llamar intelgencia emocional.
Está claro que la tecnología o el conocimiento, hoy, en nuestros días, no son la cuestión determinante ni diferencial. Hace falta conocimiento o/y tecnología, pero son más importantes la marca y el carácter emprendedor de una región. Si nuevamente tuviera que elegir, entre marca y valores, diría valores. Para ello me remito al post “valores de Carlos Kasuga Osaka”
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